Alimentación

Antojo de dulce a todas horas, cuándo puede apuntar a una candidiasis intestinal

Si el cuerpo pide dulce a todas horas, a veces no es solo cuestión de gusto. Hay personas que, sin cambios claros en su rutina, notan un deseo constante de azúcar y de alimentos ricos en hidratos, como pasta, arroz o patatas. Ese impulso, cuando se repite cada día, puede convivir con señales menos evidentes, somnolencia, cansancio persistente y una concentración frágil que termina en dolor de cabeza.

En ese contexto, la nutricionista Blanca Martín ha llamado la atención sobre una posibilidad concreta, la candidiasis intestinal. La especialista relaciona esos antojos, junto con molestias digestivas y falta de energía, con un desequilibrio en el que las levaduras del género Candida crecen en exceso en el tracto digestivo. El matiz es importante, un antojo intenso no equivale a un diagnóstico, y el deseo de azúcar también puede aparecer por falta de sueño, estrés, dietas muy restrictivas, cambios hormonales o alteraciones metabólicas. Por eso, lo sensato es mirar el conjunto de síntomas y su duración, no una sola pista aislada.

Qué es Candida y por qué puede descompensarse

Candida no es un “invasor” extraño. Estas levaduras pueden formar parte del ecosistema habitual del organismo y encontrarse en la piel y en zonas como la boca, la garganta, el intestino o la vagina. Solo causan problemas cuando su crecimiento se descontrola y rompe el equilibrio con el resto de microorganismos.

Cuando se habla de candidiasis intestinal, lo habitual es describir un cuadro con síntomas que se solapan con otras afecciones digestivas, hinchazón, gases, irregularidad en las deposiciones, reflujo, estreñimiento. En algunos casos se mencionan picores en la zona anal, mareos y una fatiga que no encaja con el descanso. Dentro de ese conjunto, la experta incluye además dificultad para concentrarse y dolores de cabeza, un perfil que, por sí mismo, puede despistar porque no es exclusivo de un solo problema.

Esa falta de especificidad es, precisamente, una de las razones por las que conviene actuar con cautela. En el ámbito de la salud digestiva circulan explicaciones simplificadas que atribuyen a Candida casi cualquier malestar, y eso puede llevar a confundir causas distintas bajo una misma etiqueta. La evaluación profesional suele ser decisiva para ordenar el panorama, revisar antecedentes, valorar medicación reciente, explorar cómo han evolucionado los síntomas y decidir si conviene solicitar pruebas o, antes, descartar opciones más comunes.

En cuanto a los posibles desencadenantes, se suele señalar una alimentación muy alta en azúcares, además del uso repetido o innecesario de antibióticos, un sistema inmunitario debilitado, alteraciones hormonales y hábitos que empeoran el equilibrio general, como el consumo habitual de alcohol y tabaco. A esto se suma un dato que conviene no perder de vista, el riesgo de candidiasis aumenta cuando las defensas están más bajas o existen determinados tratamientos, aunque el tipo y la localización de la infección cambian de una persona a otra.

Si el cuadro realmente apunta a candidiasis, el abordaje debe ser médico. El tratamiento se basa en antifúngicos y se adapta a la localización, la gravedad y la situación general de la persona. La idea de fondo es sencilla, no se trata de “eliminar” Candida del cuerpo, algo imposible y además innecesario, sino de tratar una infección cuando existe y cuando está bien identificada. En paralelo, pueden recomendarse ajustes de hábitos que ayuden al bienestar digestivo, pero sin convertirlos en una carrera de restricciones.

En el enfoque que se comenta en la noticia, se menciona la posibilidad de limitar azúcares, levaduras, alcohol y lácteos, además de apoyarse en probióticos para favorecer una microbiota más estable. Ahora bien, estos cambios no deberían convertirse en una dieta extrema y prolongada sin supervisión, porque la restricción severa puede acabar empeorando la relación con la comida y, en algunos casos, complicar el estado nutricional. Reducir azúcares añadidos y priorizar alimentos poco procesados suele ser una medida razonable en términos generales, pero la pauta concreta depende del caso.

Al final, la tentación de buscar una explicación única es comprensible cuando las molestias se alargan. Aun así, si los antojos de dulce se acompañan de malestar digestivo, cansancio mantenido y cambios que persisten semanas, lo más prudente es pedir una evaluación profesional para poner orden, confirmar o descartar diagnósticos y evitar tratamientos por cuenta propia. Y si aparecen señales de alarma, como fiebre, empeoramiento rápido, dolor intenso o dificultad para tragar, la recomendación es consultar sin demora.

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