Ni con amoniaco ni con lejía, el truco casero para reducir la humedad en casa
La humedad en las paredes rara vez aparece de golpe. Suele dar primero avisos pequeños, una sombra en una esquina, pintura que se descuelga ligeramente, un olor a cerrado que se instala tras varios días fríos. Si el origen persiste, esa señal crece y termina estropeando el acabado, dejando la superficie más frágil y favoreciendo la aparición de moho, que encuentra ahí un entorno propicio.
Ante la urgencia de “borrar” la mancha, muchas personas recurren a productos de limpieza fuertes. Sin embargo, los pintores y profesionales del mantenimiento doméstico recomiendan prudencia con sustancias como la lejía o el amoniaco, sobre todo cuando se usan con frecuencia en interiores. Además de ser irritantes, pueden dañar o decolorar la pintura y dejar un resultado irregular si después se quiere repintar la pared.
En ese contexto, gana terreno una alternativa sencilla y accesible, vinagre blanco y bicarbonato de sodio. El vinagre aporta acidez, con efecto desinfectante y antifúngico, y el bicarbonato ayuda a despegar la suciedad, neutraliza olores y facilita la limpieza. La mezcla no resuelve por sí sola una filtración o una condensación crónica, pero sí puede servir para sanear la superficie cuando la mancha acaba de aparecer.
Cómo se usa la mezcla y qué hábitos ayudan a prevenir recaídas
Para aplicarla, basta con preparar un pulverizador con partes iguales de vinagre blanco y agua, y reservar el vinagre sin diluir para marcas más persistentes. Se rocía la zona afectada, incluyendo el contorno, y se deja actuar alrededor de 30 minutos, un tiempo pensado para que el vinagre penetre y reduzca la actividad del moho. Después se frota con una esponja o un cepillo de cerdas suaves, se retiran los restos con un paño húmedo, se seca bien la pared y se ventila la habitación. Esa última parte es clave para expulsar humedad y acelerar el secado, evitando que la pared quede húmeda de nuevo.
Aun así, limpiar no equivale a solucionar. El exceso de humedad interior suele deberse a causas muy concretas, filtraciones desde el exterior, fugas en tuberías o juntas, condensación por vapor y falta de aireación, o capilaridad cuando el muro está en contacto con el suelo. Si el origen no se corrige, el moho reaparece con facilidad incluso aunque la pared parezca impecable durante unos días.
Por eso, la prevención tiene tanto peso como el remedio puntual. Ventilar a diario, especialmente después de ducharse o de cocinar, reduce el vapor acumulado y limita la condensación en baños y cocinas. También conviene evitar secar ropa en interiores cuando sea posible, porque esa humedad termina depositándose en las superficies frías. En habitaciones con poca circulación de aire, un deshumidificador puede ayudar a estabilizar el ambiente, y una revisión periódica de conducciones, sellados y juntas permite detectar pequeñas fugas antes de que se conviertan en manchas persistentes.
El bicarbonato puede aportar un plus en esa estrategia. Colocado en un recipiente cerca de la pared problemática, contribuye a absorber parte de la humedad del aire. No sustituye a reparar una filtración ni a mejorar la ventilación, pero puede ayudar mientras se intenta secar la estancia y mantener el ambiente más controlado. Si se renueva a menudo, mantiene capacidad de absorción y evita que se apelmace.
Cuando el problema se repite, diferenciar el tipo de humedad ayuda a elegir medidas más duraderas. La condensación suele concentrarse en rincones fríos y en zonas con vapor frecuente, la filtración suele relacionarse con fachadas, cubiertas o grietas por las que entra agua, y la capilaridad se aprecia cerca del suelo y asciende lentamente. Con ese diagnóstico, se puede sellar fisuras, mejorar la aireación, separar muebles de la pared para que circule el aire, y si hace falta recurrir a pinturas contra la humedad en áreas sensibles.
En definitiva, el vinagre blanco y el bicarbonato ofrecen una vía práctica para limpiar y desinfectar manchas superficiales sin recurrir a productos más agresivos. Su eficacia real se multiplica cuando se combina con prevención y con una revisión honesta del origen, porque en materia de humedad, lo que dura es lo que corta el problema de raíz.
