Salud

Sebastián La Rosa, experto en longevidad, el magnesio y su papel en el envejecimiento

La longevidad se ha convertido en una preocupación práctica, cómo llegar a la madurez con energía, movilidad y autonomía. En ese marco, la alimentación vuelve a tener peso, y algunos micronutrientes ganan atención porque sostienen funciones básicas del organismo. Uno de los más citados es el magnesio, presente en alimentos comunes y fácil de descuidar si la dieta se empobrece.

El médico y divulgador Sebastián La Rosa lo resume con un aviso directo, cuando falta magnesio, envejecemos a mayor velocidad. No lo presenta como una solución mágica, sino como una señal de que un déficit mantenido puede empujar al cuerpo hacia un terreno menos favorable, sobre todo si coincide con poco descanso, estrés sostenido y sedentarismo.

La explicación empieza por la fisiología. El magnesio actúa como cofactor en cientos de reacciones del organismo, y por eso se relaciona con la producción de energía, la función muscular y nerviosa, la síntesis de proteínas, el control de la glucosa y la regulación de la presión arterial. También participa en el manejo del calcio y en la estabilidad de estructuras celulares. Cuando los niveles son adecuados, el cuerpo sostiene estos procesos con más margen, cuando se quedan cortos, la regulación se vuelve más exigente y el equilibrio se resiente.

Inflamación crónica y corazón

En longevidad hay un concepto que se repite, la inflamación crónica de bajo grado. No es la inflamación aguda de una infección, sino un estado sostenido que puede afectar al metabolismo, a los vasos sanguíneos y a la capacidad de reparación. La Rosa utiliza el término inflammaging, inflamación y envejecimiento, para describir esa conexión y advertir de que un déficit de magnesio puede favorecer un entorno proinflamatorio, con más facilidad para que ciertas señales inflamatorias se mantengan activas durante más tiempo. Con el paso de los años, ese “ruido” constante puede contribuir a un desgaste más rápido.

Esta mirada se entiende mejor con la idea de edad biológica. Más allá de los años del calendario, existen marcadores en sangre relacionados con la inflamación que se usan para estimar a qué ritmo está envejeciendo el organismo. La utilidad es práctica, permite orientar hábitos y anticipar riesgos. En ese tablero, el magnesio no es la única pieza, pero sí un factor que ayuda a reducir fricción en mecanismos que influyen en la salud a largo plazo.

El corazón es otro punto donde el experto pone el foco. Según su planteamiento, cuando falta magnesio puede aumentar la agregación plaquetaria, es decir, la tendencia de las plaquetas a agruparse, con posibles implicaciones para la salud cardiovascular. A la vez, el mineral aparece ligado a cuestiones que muchas personas notan antes que una cifra en un análisis, la calidad del sueño, el rendimiento muscular, el estado de ánimo y la sensibilidad a la insulina. Son ámbitos distintos, pero conectados por un fondo común, la capacidad del organismo para recuperarse y mantener el equilibrio.

La parte práctica empieza en la cocina. Asegurar magnesio suele depender más de la regularidad que de un alimento único. Frutos secos y semillas, verduras de hoja verde como las espinacas, avena, legumbres, cereales integrales, yogur, aguacate, plátano y chocolate con alto porcentaje de cacao son opciones habituales que aportan este mineral de forma natural. Cuando aparecen con frecuencia en el menú, es más sencillo acercarse a las necesidades sin convertir la dieta en una tarea rígida.

Las referencias nutricionales varían según la guía, pero en adultos suelen situarse alrededor de 300 mg al día en mujeres y 350 mg al día en hombres. Si no se llega con la dieta, o existe un motivo clínico para considerarlo, la suplementación puede ser una herramienta útil, siempre con orientación profesional. Conviene recordarlo, el exceso procedente de suplementos puede provocar molestias digestivas, y en situaciones como la enfermedad renal es especialmente importante extremar la prudencia.

En definitiva, el magnesio no es un atajo para frenar el tiempo. Es un componente esencial de la regulación fisiológica, con peso en energía, neuromúsculo, metabolismo e inflamación. Integrarlo mediante una alimentación completa, junto a ejercicio de fuerza, sueño suficiente y hábitos que reduzcan el estrés, es una estrategia realista para envejecer mejor, con menos promesas y más coherencia diaria.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *